Los dedos en martillo son una deformidad que suele afectar a los dedos de las manos y de los pies, aunque es mucho más frecuente su aparición en los pies. Esta deformidad nunca se origina en los pulgares y sí en el segundo, tercer y cuarto dedo. Se caracterizan por estar doblados hacia abajo, en la punta del dedo o en la articulación media.
Síntomas de los dedos en martillo
Los afectados suelen tener callosidades y durezas en las zonas donde se produce la deformidad y quienes lo padecen sienten dolor, siendo complicado encontrar un calzado que sea cómodo. La forma que resulta guarda parecido a un martillo, de ahí su nombre. Los dedos suelen ser flexibles y la deformidad se puede corregir de manera simple, pero si no se trata puede adoptar una forma rígida y en esos casos se requiere cirugía. Los dedos en garra son un deformidad similar que afecta principalmente a los dedos de los pies. La diferencia principal estriba básicamente en la posición que adoptan.
Causas principales
Resulta muy frecuente que esta deformidad se desarrolle en el segundo dedo, aunque los demás también pueden quedar afectados. La principal causa de esta patología guarda relación con el calzado, cuando los zapatos que se utilizan son demasiado estrechos o pequeños y quedan apretados. De esa forma, los dedos se sienten presionados y adoptan una forma flexionada. Poco a poco, los tendones y músculos se adaptan y los dedos cada vez son más cortos.
Siguiendo esta misma línea, esta deformidad aparece normalmente en niños al utilizar zapatos pequeños o en mujeres que utilizan tacones altos o un calzado que no ajusta bien. Sin embargo, esta afección también puede ser congénita y presentarse al nacer, e incluso puede suceder que todos los dedos aparezcan en garra como consecuencia de un problema con la médula espinal o los nervios, aunque esto último no es lo normal.
Los dedos en martillo o en garra también pueden ser la consecuencia visible de la metatarsalgia dinámica, un mal que aparece cuando la articulación del metatarsiano no es estable. Tanto igual sucede en el caso de la enfermedad de Freiberg, una afección dolorosa que altera los huesos y que suele afectar al segundo metatarsiano.
Tratamientos posibles
En los casos más leves, principalmente relacionados con niños, se pueden tratar fácilmente mediante una férula que ha de ser colocada en el dedo afectado. También es posible comprar reguladores o enderezadores de dedos e incluso llevar a cabo ejercicios de estiramiento, como puede ser recoger un paño o toalla con los dedos del pie. En los casos más graves se requiere cirugía para enderezar la articulación, aunque, normalmente, el paciente se puede ir a casa el mismo día de la operación.
El calzado es una parte muy importante a tener en cuenta y puede aliviar significativamente los síntomas. Para ello es importante evitar el tacón alto en la medida de lo posible, utilizar zapatos amplios y cómodos, adquirir plantillas para reducir y aliviar la presión a la que está sometida el dedo y proteger las articulaciones con cojinetes especiales de fieltro o cojinetes para callos.