Según Wikipedia, la deformidad de Haglund es «un espolón posterior al tendón de Aquiles«, es decir, una prominencia ósea que se genera en el dorso del talón. Lo que sucede es que esta prolongación ósea tiende a rozarse con el calzado, lo que provoca que el tejido que se encuentra próximo al tendón de Aquiles se irrite de forma recurrenete, dando lugar a una inflamación de la bursa o bolsa de líquido.
Dentro de las patologías del pie más frecuentes se encuentra la deformidad de Haglund, de hecho, el espolón suele ser algo que tienen en común las mujeres que llevan tacón alto. Para que el médico lleve a cabo su diagnóstico es muy importante hacer un examen exhaustivo del pie e incluso rayos X para valorar mejor la estructura del talón.
Causas principales
Esta irritación sucede cuando se calzan zapatos con el talón rígido, como es el universo infinito de los llamados «pumps» o zapatos clásicos de mujer o los zapatos de vestir de hombre, de ahí que esta deformidad también sea conocida en inglés como «pump bump».
No obstante, el factor hereditario también puede influir en su aparición, pues, en ocasiones, las personas nacen con una estructura determinada que hace más factible el desarrollo de esta deformidad: tendón de Aquiles más tirante o tenso, arco del pie elevado o andar sobre el lado exterior del talón.
Los síntomas de la deformidad de Haglund
Esta deformidad puede aparecer en un solo pie o en ambos y sus síntomas son los siguientes: enrojecimiento, dolor justo en el lugar donde se produce la unión del tendón de Aquiles con el talón, inflamación y crecimiento significativo que se produce en el dorso del talón.
Posibles tratamientos
Los tratamientos no quirúrgicos no pretenden eliminar la bursitis, ni tan siquiera reducir la prominencia ósea, pero al menos sí consiguen minimizar la inflamación de la bursa, además, se pueden utilizar varios de estos métodos de manera indistinta.
Los medicamentos orales obtienen grandes resultados, como es el caso del ibuprofeno que ayuda a calmar el dolor y a reducir la inflamación. El hielo también es una opción efectiva para calmar la zona y rebajar la hinchazón. En este caso, lo único que hay que hacer es verter hielo en una toalla fina y aplicarlo en la zona afectada.
Dentro de lo que son las plantillas ortopédicas existen los llamados elevadores del talón para disminuir la presión en pacientes de arcos elevados, las almohadillas de talón que sirven para amortiguar y minimizar la irritación al caminar o las plantillas personalizadas para controlar el movimiento del pie. Siguiendo esta misma línea, se puede modificar el calzado para incorporar un dorso más suave o buscar zapatos que tengan esa zona del talón al descubierto.
La terapia física es muy eficaz y ayuda a minimizar la inflamación con técnicas óptimas como la terapia de ultrasonido. Los ejercicios de estiramiento, por su parte, ayudan a los pacientes que tienen el tendón tenso a aliviar la zona. Sin embargo, en ocasiones es necesario proceder a su inmovilización a través de enyesado para reducir los síntomas.
En cuanto al tratamiento quirúrgico, cuando el dolor sigue siendo constante y no se consigue aliviar la zona, el médico es el que deberá determinar cuál es el mejor procedimiento, dependiendo de cada caso.
Medidas de prevención
Efectivamente, es posible prevenir su aparición llevando a cabo los siguientes consejos: utilizar calzado adecuado y evitar los zapatos de tacón alto, practicar ejercicios de estiramiento, no correr cuesta arriba o en superficies duras, y utilizar plantillas personalizadas o soportes de arco.