Qué es una coalición tarsal o barra tarsal

En ocasiones puede presentarse dolor en un pie o en los dos de forma reiterativa o advertir movimientos limitados. Cuando esto sucede podemos pensar que se trata de la barra o coalición tarsal. Esta patología es la unión anormal que tiende a desarrollarse entre los huesos del tarso o en los dos huesos situados en la parte posterior del pie. Existen tres tipos de barras tarsales dependiendo de la forma en la que esté compuesta esta unión irregular: fibrosas, cartilaginosas u óseas.

Causas de la coalición tarsal

Normalmente se genera mientras el feto se está desarrollando. De esa forma, la secuela se traduce en una formación inapropiada de los huesos. También existen otras causas, aunque estas son menos frecuentes: artritis, infecciones o lesiones acaecidas en el lugar.

Los principales síntomas de las coalición tarsal

Es bastante frecuente que la coalición tarsal sea de nacimiento, pero los síntomas asociados a esta patología no se manifiestan hasta que los huesos no comienzan a endurecerse, algo que sucede desde los 9 años hasta aproximadamente los 16. De ese modo, a veces no aparecen durante la niñez, aunque las molestias y padecimientos causados se presentan con el tiempo.

Dicho esto, la coalición tarsal puede generar uno o varios de los siguientes síntomas: pie plano (en un pie o en ambos), rigidez en el pie y en el tobillo, piernas cansadas, dolor que puede ser severo o moderado al ponerse en pie o al caminar, espasmos musculares o cojera.

¿Es posible diagnosticarlo de forma temprana?

Resulta muy complicado diagnosticar la coalición tarsal en un niño, al menos no es posible hasta que sus huesos no comiencen a fortalecerse, de hecho, hay veces que no se llega a un diagnóstico hasta la edad madura. Una vez sea posible se llevará a cabo un examen exhaustivo para determinar los síntomas desarrollados y la duración, información que será diferente en uno u otro caso dependiendo de la situación y la gravedad de la coalición. Además de examinar con sumo cuidado el pie, se pueden llevar a cabo radiografías e incluso otros estudios más avanzados de evaluación.

Tratamientos posibles

Dentro de los tratamientos no quirúrgicos existen varias posibilidades. Lo que se pretende es aliviar los síntomas descritos anteriormente y, dependiendo de la gravedad, se pueden utilizar uno o más métodos.

Así, encontramos antinflamatorios o medicamentos orales como el ibuprofeno para aliviar el dolor y reducir la inflamación; fisioterapia, donde destacan ciertos ejercicios para ejercitar el movimiento, masajes y la terapia de ultrasonido; inmovilización mediante una escayola y muletas; plantillas personalizadas o ciertos aparatos ortopédicos para aliviar la tensión y reducir el movimiento; inyecciones de anestesia antes de la inmovilización para relajar el músculo y evitar los espasmos; o las inyecciones de esteroides para atenuar el dolor y la inflamación.

Eso en cuanto a los tratamientos no quirúrgicos, pues el paciente puede optar por la cirugía, aunque será el especialista el que determine el tipo de procedimiento, teniendo en cuenta algunos factores como la edad, la actividad diaria, las condiciones físicas, etcétera.

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